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martes, 1 de marzo de 2016

Fin del hockey Parte 1: Torneo de Barrington

Mi vida como jugadora de hockey duró mucho menos de lo que me hubiera gustado. No sería la mejor del equipo, ni siquiera habré marcado un solo gol, pero disfrutaba con cada entrenamiento, con cada partido. Y sentía que mejoraba. Que al luchar por el pock lo conseguía más y más veces. Que entendía las jugadas y tácticas que empleábamos. Que sabía lo que tenía que hacer. No puedo ni explicar cuánto voy a echarlo de menos.

El fin de semana pasado tuvimos un torneo en Barrington. Somos un equipo pequeño, muy pequeño, y ni siquiera todas las jugadoras vinieron al torneo. Estábamos bajo mínimos, literalmente, no sé por qué nos dejaron jugar. Deberíamos ser más de 10; éramos 9. El resto de lo equipos rondaban 15 jugadoras, pues aunque solo una portera y cinco jugadoras están en el hielo, en el hockey se hacen cambios constantemente. Es un deporte muy intenso y casi sin pausas. Cada 2-5 minutos, cambiamos de jugadoras. Pero siendo tan pocas, los cambios son más largos y los descansos más cortos. Y por si fuera poco, tuvimos tres partidos en el mismo día.

El primer partido no era una amenaza. Contra Barrington, el equipo anfitrión, ya habíamos jugado antes, y ganado por goleada. No nos costó demasiado volver a hacer lo mismo. El resultado: 0-5. Como anécdota, Darla consiguió una penalización. Otra vez, al igual que la última vez que jugamos contra ellas. Lo irónico es que juega más o menos como yo, pero sus habilidades como patinadora... diría que le queda por mejorar. Pues allí iba Darla, cogiendo velocidad hacia la portería contraria, esperando un pase que nunca llegó... y al ir tan rápido, no le dio tiempo a frenar y se llevó por delante a una defensa. Creo que le cayeron tres minutos de penalización.

Después del primer partido fuimos a comer a una pizzeria. Quién nos iba a decir que en un pueblo en medio de ninguna parte podría haber restaurantes. Mientras esperábamos por la comida, Emma y alguien más estaban hablando de atletismo. Emma decía que ella se negaba a correr, que lo que le gustaban eran los lanzamientos. No creía haber oído bien, por lo que le pedí que se explicase. 
-El atletismo se divide en carreras, saltos y lanzamientos.
-No me digas -respondí, riéndome. Probablemente supiera bastante más de atletismo que ella, pero Emma solo me había visto en un deporte, hockey, y en el primer entrenamiento no sabía ni cómo coger el stick. Probablemente se diera cuenta entonces de que yo sabía de lo que hablaba, pues fue directa al grano.
-¿Qué prefieres?
-Lanzamientos -dije sin dudar. Ella sonrió.
-A mí me gusta el lanzamiento de disco. Peso es aburrido, no se mueve nada... Y jabalina me da miedo darme en la espalda o algo...
-Yo prefiero el lanzamiento de martillo. Pero sobre los demás, igual que tú.
-No tenemos lanzamiento de martillo -dijo Emma-. Al menos no que yo sepa...
Sonreí y dije que no pasaba nada, aunque aquello me entristeció bastante. Días después pregunté a alguien más y recibí la misma respuesta: no al lanzamiento de martillo.

Por la tarde jugábamos nuestro segundo partido. Al igual que yo, el resto de mis compañeras de equipo estaban cansadas. "Y aún nos quedan otros dos partidos...", pensábamos todas. Al salir al hielo, me di cuenta de que los patines empezaban a hacerme daño. Aquello me costaría una ampolla en poco tiempo. Empezó el primer periodo y nos despertamos de golpe. Nunca habíamos jugado contra un equipo tan bueno, y de algún modo, pese a ser un periodo jugado entero en nuestro campo y con infinitos disparos a nuestra portería, conseguimos mantener el marcador a ceros. Fue gracias a Katie, nuestra portera, hermana de Emma. Katie tendrá tan solo catorce años, pero es bastante más alta que yo. Y Emma tendrá quince, pero puede que sean más de quince los centímetros los que me saca. Emma juega de defensa, y a veces las jugadoras del otro equipo se acercan a nuestra portería y empujan o intentan tirar a Katie. Es una estrategia para dejar nuestra portería desprotegida, pero nunca les funciona. Porque en ese momento veo a Emma llegar y plantarse en medio, amenazadora, protegiendo a su hermana pequeña, protegiendo a nuestra portera. Nunca sé por qué razón se la ve tan segura plantando cara, aunque ella insiste en que sea quien sea la persona que cubre nuestra portería, una de las labores de ser defensa es proteger a la portera.

En el descanso tras el primer tiempo, el entrenador de los chicos (que es bastante mejor entrenador que el nuestro) intentaba ser optimista.
-Son un gran equipo, ¡y todavía no nos han marcado! Están perdiendo la paciencia, ¡ahora es nuestra oportunidad!
Pero se equivocaba. No es que se equivocara, tan solo nos contaba una mentira piadosa. Sabía perfectamente que las chicas del otro equipo controlaban el partido. También era consciente de que ellas lo sabían. Y de qe en cualquier momento lo inevitable iba a pasar.

Estábamos cansadas. Nos faltaban fuerzas para impedir lo inevitable. Pero ni Katie es invencible ni Emma llegaba siempre a tiempo para ayudarla. En el segundo tiempo, el verdadero partido empezó. Uno tras otro, las chicas de Middleton empezaron a marcar goles. Nunca había tenido que defender tanto siendo ala, no defensa, y por fin entendí la razón por la que llevamos tantas protecciones. Un codazo me dejó un moratón que aún no se me ha pasado y cuando una delantera lanzó el pock y me golpeó en el cuádriceps, pese a llevar pantalones acolchados con los que no sientes nada al caer, ese pock me dolió bastante más que cuando Sara accidentalmente lanzó un disco de metal contra mi pierna el año pasado.

El partido acabó en un desmotivador 7-0. El tercer tiempo no estuvo tan mal, y varias veces estuvimos cerca de marcar un gol. El entrenador de los chicos empezó a animarnos para que jugáramos de forma ofensiva y no defensiva. Logré escuchar cómo nuestro entrenador le preguntaba en privado que para qué, si el partido ya estaba perdido. Él dijo que era bueno para nuestra autoestima estrenar el marcador. Nunca lo conseguimos.

Entre el segundo y el tercer partido no había mucho tiempo, por no decir casi nada. Intentamos animarnos un poco, pero estábamos bajo presión. Ganar significaría pasar a la final. Perder, final de consolación. En los primeros minutos de partido, quedó claro que Hans East no era Middleton. Tenían un par de buenas jugadoras, pero eso era todo. La mayoría eran de nuestro nivel, o incluso algo peores. A los pocos minutos, marcamos el primer gol. Desde ese momento supe que íbamos a lograrlo. Nos empataron e incluso llegaron a superarnos 2-1, pero pronto remontamos. En el descanso, el entrenador de los chicos propuso la idea de que les insultara en español. Yo me negué, y él pareció olvidarlo, pero al rato me preguntó cómo se dice "butt", y me pregunté si sería más apropiado algo como trasero o culo. Llegué a la conclusión de que nunca conseguiría que pronunciaran trasero, así que me limité a decir culo. Se pasó el resto del partido diciendo "Take your culo out there and beat them" (Sacar vuestro culo ahí fuera y a ganar), "Kick their culo!" (Patearles el culo), "Move your culo" (Moved el culo)... Según Jessica, su hija, que también juega en el equipo, se pasó todo el fin de semana repitiendo la dichosa palabra. Desde mi corta experiencia jugando al hocket, fue el mejor partido que he jugado jamás. El resultado, 2-5, pasamos a la final.

Llegué a casa cansada y emocionada por partes iguales. Me fui a dormir con una sonrisa de satisfacción. Había sido un día muy largo, y al día siguiente tendríamos que enfrentarnos otra vez a Middleton. Sabíamos que íbamos a perder, pero salir ahí y perder con dignidad nos dejaría en segundo puesto, no parecía mal trato. Por la mañana, cuando sonó el despertador, creía no haber dormido nada, pese a que habían sido al menos nueve horas seguidas. Intenté levantarme y me dolía todo, desde ampollas en los pies hasta dolor de cabeza. Cogí el móvil para ver si tenía mensajes y vi un email del entrenador. El partido había sido suspendido. No teníamos gente suficiente para jugar, y debo admitir que me alegré. Era una victoria fácil para Middleton, tendríamos que habérselo puesto más difícil, pensé. Pero por otro lado, éramos muy pocas y no conseguiríamos de ningún modo un resultado mejor que el del sábado. De haber jugado, hubiéramos tenido suerte si nos caían menos de diez goles a cero. El lunes, en el instituto, me enteré de que al retirarnos la victoria era para Middleton, obviamente, pero el "resultado" había sido 5-0. Bromeamos entre nosotras diciendo que lo habíamos hecho mejor que el sábado, que solo nos habían marcado cinco goles. En teoría, habíamos ganado la plata. Aún hoy estamos esperando esas medallas.

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